El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Pues te sienta de maravilla, no sé si me entiendes —continuó mistress McKee—. Si Chester te fotografiara en esa pose, harÃa algo aprovechable.
Todos miramos en silencio a mistress Wilson, que se apartó de los ojos un mechón de pelo y nos devolvió la mirada con una sonrisa radiante. Mister McKee la estudió con atención, ladeando la cabeza, y luego se puso la mano delante de la cara y la movió hacia atrás y hacia delante.
—CambiarÃa la luz —dijo al cabo de un momento—. Me gustarÃa resaltar el modelado de las facciones, e intentarÃa captar el pelo de la nuca.
—Yo no cambiarÃa la luz —proclamó mistress McKee—. Me parece que es…
Su marido dijo «Shsss» y todos volvimos a mirar a la modelo, cuando Tom bostezó audiblemente y se puso de pie.
—Beban algo, pareja —les dijo a los McKee—. Trae más hielo y más agua mineral, Myrtle, antes de que se duerma todo el mundo.
—Mira que le dije al chico que trajera hielo. —Myrtle levantó las cejas, desesperada por la holgazanerÃa de las clases bajas—. ¡Qué gente! Tienes que estar detrás de ellos todo el tiempo.