El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —No los aguantan. —Miró a Myrtle y luego a Tom—. Y digo yo: ¿por qué siguen viviendo con esas personas si no las aguantan? Si yo fuera ellos, me divorciarÃa y volverÃa a casarme inmediatamente.
—¿Ella tampoco quiere a Wilson?
La respuesta fue inesperada, porque vino de Myrtle, que habÃa oÃdo mi pregunta. Y fue violenta y obscena.
—Ya ves —exclamó Catherine triunfalmente. Volvió a bajar la voz—. Es la mujer de él la que los separa. Es católica, y los católicos no creen en el divorcio.
Daisy no era católica, y me impresionó un poco lo rebuscado de la mentira.
—Cuando se casen —continuó Catherine— se irán al Oeste por un tiempo, hasta que todo haya pasado.
—SerÃa más discreto irse a Europa.
—Ah, ¿te gusta Europa? —exclamó, sorprendiéndome—. Acabo de volver de Montecarlo.
—¿S�
—El año pasado. Fui con otra chica.
—¿Estuvisteis mucho tiempo?