El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Me recibieran bien o mal, creà necesario pegarme a alguien antes de empezar a ponerme afectuoso con todo el que pasara.
—¡Hola! —rugÃ, avanzando hacia ella. Mi voz, en el jardÃn, sonó demasiado alta, anormal.
—HabÃa pensado que quizá estuviera aquà —respondió como ausente cuando subà la escalera—. Recordaba que usted vivÃa en la casa de al lado…
Me cogió la mano de un modo impersonal, como una promesa de que se ocuparÃa de mà en unos segundos, y prestó oÃdo a dos chicas que llevaban vestidos idénticos, amarillos, y se habÃan detenido al pie de la escalinata.
—¡Hola! —gritaron al unÃsono—. Qué pena que no ganaras.
Hablaban del torneo de golf. Jordan Baker habÃa perdido en las finales la semana anterior.
—No sabes quiénes somos —dijo una de las chicas de amarillo—, pero te conocimos aquà hace cosa de un mes.