Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Imagino que tu autobiografÃa se convertirá en una obra clásica.
—Dick dice que no tengo biografÃa.
—¡Dick! —exclamó Anthony—. ¿Qué sabe él de ti?
—Nada. Pero dice que la biografÃa de toda mujer empieza con el primer beso que cuenta, y termina cuando coge en brazos a su último hijo.
—Puedes estar segura de que citaba una frase de su libro.
—Dice que las mujeres sin amor no tienen biografÃa, sino historia.
Anthony rio de nuevo.
—¡No creo que tú pretendas ser una mujer sin amor!
—Bueno, imagino que no.
—Entonces, ¿por qué no tienes biografÃa? ¿Nunca te han dado un beso que contar? —Mientras las palabras salÃan de sus labios, Anthony contuvo bruscamente la respiración como para evitar pronunciarlas. ¡Aquella criatura!
—No sé lo que quieres decir con «contar» —objetó Gloria.
—Me gustarÃa saber los años que tienes.
—Veintidós —dijo ella, mirándole a los ojos con mucha seriedad—. ¿Cuántos creÃas que tenÃa?
—Unos dieciocho.