Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Estoy segura de que asà será —dijo mistress Gilbert rebosante de felicidad—. Estoy completamente segura. Fui a ver a Jenny Martin el martes pasado, ya sabes, la quiromántica que tanto le gusta ahora a todo el mundo. Le dije que mi sobrino estaba escribiendo una obra y ella respondió que sin duda me gustarÃa saber que iba a tener un éxito extraordinario. Pero no te ha visto nunca ni sabe nada de ti… ni siquiera cómo te llamas.
Después de emitir los sonidos apropiados para expresar su asombro ante aquel sorprendente fenómeno, Dick apartó a un lado el tema propuesto por su tÃa como si él fuera un arbitrario guardia de tráfico y, por asà decirlo, hizo señas a su propio tráfico para que avanzara.
—Estoy totalmente enfrascado, tÃa Catherine —le aseguró a mistress Gilbert—. Te lo aseguro. Todos mis amigos me toman el pelo… sÃ, claro, me doy cuenta de que tiene un lado humorÃstico y no me importa. Creo que todo el mundo debe saber aceptar una broma. Pero a mà me mantiene una especie de convicción —concluyó sombrÃamente.
—Siempre digo que tienes un alma antigua.