Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Gloria serÃa una estúpida muy joven si no se casara con él. —Luego se detuvo y se encaró con ella, su expresión un campo de batalla de lÃneas y hoyuelos, comprimidos y forzados hasta el máximo de sus posibilidades, como queriendo compensar con sinceridad cualquier posible indiscreción de sus palabras—. Gloria es una criatura de mucho cuidado, tÃa Catherine. No hay manera de controlarla. No sé cómo lo ha hecho, pero últimamente se ha buscado un grupo de amigos curiosÃsimos. No parece importarle. Y los tipos con los que solÃa pasearse por Nueva York eran… —Dick hizo una pausa para respirar.
—SÃ, sÃ, sà —intervino mistress Gilbert, en un débil intento de ocultar el inmenso interés con que lo escuchaba.
—Bueno —continuó Richard Caramel con gran seriedad—, eso es lo que pasa.
Quiero decir que los tipos, y en general todas las personas con las que salÃa, eran de primera clase. Ahora no lo son.
Mistress Gilbert parpadeó muy deprisa; su pecho tembló, se alzó, manteniéndose asà durante un instante, y al expulsar el aire sus palabras fluyeron también en un torrente.