Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Por supuesto —dijo mistress Gilbert con meticulosa indiferencia—. Gloria nunca se confÃa conmigo. Es una chica muy reservada. Entre tú y yo —se inclinó hacia delante con muchas precauciones, claramente decidida a que tan solo el cielo y su sobrino fuesen partÃcipes de su confesión—, entre tú y yo, me gustarÃa verla casada.
Dick se puso en pie y recorrió la habitación con pasos rápidos: un joven de corta estatura, activo, un tanto regordete, con las manos metidas en los abultados bolsillos de la chaqueta.
—No pretendo estar en lo cierto, compréndelo —le aseguró al grabado en acero que le sonreÃa con afectación—. No te cuento esto porque quiera que Gloria lo sepa. Pero creo que el Loco Anthony está interesado, y muchÃsimo. Habla de ella constantemente. En cualquier otro eso serÃa una mala señal.
—Gloria tiene un alma muy joven… — empezó mistress Gilbert animadamente, pero su sobrino la interrumpió con una frase a gran velocidad: