Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Paradójicamente, Anthony descubrió en su último año de universidad que se había creado un notable prestigio dentro de su promoción. Supo que se le consideraba una figura más bien romántica, un estudioso, un recluso, una torre de erudición. Esto le divirtió, llenándole también de secreta complacencia: empezó a salir, al principio poco, pero más adelante mucho. Consiguió que le admitieran en The Pudding, la fraternidad literaria más elitista de Harvard. Se aficionó a la bebida: sosegadamente y de acuerdo con las adecuadas tradiciones. Se decía de él que, de no haber empezado tan joven sus estudios, habría podido «destacar extraordinariamente». Al graduarse en 1909 Anthony solo tenía veinte años.