Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Anthony miró a su alrededor inmediatamente, vio su sombrero y su abrigo en una silla… y los recogió a trompicones durante un momento interminablemente largo. Al mirar de nuevo hacia el sofá advirtió que ella no se había vuelto, que seguía inmóvil en el mismo sitio. Con un estremecido «Adiós», del que se arrepintió inmediatamente, Anthony abandonó la habitación deprisa pero sin dignidad.
Durante unos momentos Gloria no hizo el menor ruido. Sus labios seguían esbozando una sonrisa; miraba frente a sí con expresión orgullosa y distante al mismo tiempo. Luego sus ojos se enturbiaron un poco, y murmuró a media voz dos palabras dirigidas al fuego a punto ya de extinguirse:
—¡Adiós, estúpido!