Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Dos semanas… eso era peor que nada. Al cabo de dos semanas se acercarÃa a ella de manera muy semejante a como lo harÃa en aquel momento, sin personalidad ni confianza… sin dejar de ser el hombre que habÃa ido demasiado lejos y luego durante un perÃodo que no era más que un momento en el tiempo pero una eternidad de hecho, se habÃa limitado a gemir. No, dos semanas eran muy poco. Cualquiera que fuese la intensidad que los acontecimientos de aquella tarde hubiesen tenido para Gloria, era necesario dejar pasar más tiempo para que el recuerdo se embotara. Anthony tenÃa que concederle un perÃodo para que el incidente se hiciera borroso, y luego otro nuevo perÃodo en el que ella empezara gradualmente a pensar en él —por muy débilmente que fuera— con una correcta perspectiva que incluyera sus cualidades positivas al mismo tiempo que su humillación.
Anthony fijó, finalmente, en unas seis semanas el intervalo de tiempo más adecuado para su propósito, y en un calendario de mesa fue tachando los dÃas, hasta descubrir que terminarÃa el nueve de abril. Muy bien, al llegar ese dÃa la llamarÃa por teléfono para preguntarle si podÃa ir a verla. Hasta entonces… silencio.