Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —SÃ… —La voz de Gloria parecÃa indecisa. Anthony apretó con fuerza el auricular.
—¿No podrÃa ir a verte esta noche? — El joven Patch se atrevÃa a cualquier cosa después de la gloria y la revelación que habÃa supuesto aquel «Sû casi susurrado.
—Tengo un compromiso.
—Ah.
—Pero quizá… quizá pueda decir que no voy.
Anthony dejó escapar una exclamación que no era más que puro éxtasis.
—¿Gloria?
—¿S�
—Te amo.
Otra pausa, y después:
—Me… me alegro.
La felicidad, explicó Maury Noble cierto dÃa, es tan solo la primera hora después de la desaparición de algún sufrimiento especialmente intenso. Pero ¡cómo describir el rostro de Anthony mientras avanzaba por el corredor del décimo piso del hotel Plaza aquella noche! Le brillaban los ojos, y alrededor de la boca habÃa unas lÃneas que resultaba placentero ver. En aquel momento era bien parecido aunque no lo hubiese sido nunca antes, destinado, como se hallaba, a uno de esos momentos inmortales tan llenos de irradiación que el recuerdo de su luz permite ver durante años.