Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Anthony llamó a la puerta y, al recibir contestación, entró. Gloria, con un vestido de color rosa muy almidonado, y tan fresca como una flor, se hallaba inmóvil, al otro extremo de la habitación, mirándolo con los ojos muy abiertos.
Al cerrar Anthony la puerta tras de sÃ, ella dejó escapar un débil grito y recorrió muy deprisa el espacio que los separaba, alzando los brazos en prematura caricia al llegar junto a él. Juntos aplastaron los rÃgidos pliegues de su vestido en un triunfante y duradero abrazo.