Hermosos y malditos

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Mistress Gilbert arreglaba y volvía a arreglar una hipotética casa, distribuyendo los regalos entre las diferentes habitaciones, clasificando los objetos como «reloj menos bueno» o «cubiertos de uso diario» y avergonzando a Anthony y Gloria con alusiones medio en broma a una habitación a la que llamaba cuarto de los niños. Mistress Gilbert se sintió muy complacida con el regalo del viejo Adam y a partir de aquel momento aseguró que tenía un alma muy antigua, «tanto como cualquier otra cosa». Como Adam Patch nunca llegó a saber si se refería a la progresiva senilidad de su mente o a una personal y privada concepción psíquica, no puede decirse que le agradara especialmente. De hecho, cuando hablaba con Anthony siempre se refería a ella como «esa vieja, la madre», igual que si se tratara de un personaje en una comedia que hubiese visto representar muchas veces. En cuanto a Gloria, no era capaz de formar un juicio. Le fascinaba pero, como ella misma le explicó a Anthony, había decidido que era una chica frívola y no se atrevía a dar su aprobación.

¡Cinco días! En el jardín de Tarrytown se estaba levantando un tablado para bailar. Cuatro días. Se había contratado un tren especial para llevar y traer a los invitados desde Nueva York. ¡Tres días!



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