Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Tres de abril. Después de pasar dos horas con Schroeder, que, según me informan, tiene millones, he decidido que este asunto de perseverar con las cosas resulta muy fatigoso, sobre todo si las cosas en cuestión son hombres. No hay nada sobre lo que se exagere tanto y juro que a partir de hoy me divertiré a costa de ello. Hemos hablado de «amor»… ¡qué cosa tan banal! ¿Con cuántos hombres habré hablado de amor?
Once de abril. ¡Patch me ha telefoneado!, y cuando me repudió hace cosa de un mes estuvo a punto de tirar la puerta abajo al marcharse. Cada vez tengo menos fe en que haya hombres capaces de recibir heridas mortales.
Veinte de abril. He pasado el día con Anthony. Quizá algún día me case con él. Creo que me gustan sus ideas… estimula toda la originalidad que hay en mí. Bloeckman vino a eso de las diez con su coche nuevo y me llevó a dar un paseo por Riverside Drive. Esta noche me he sentido a gusto con él: es una persona muy considerada. Se ha dado cuenta de que yo no quería hablar y ha estado callado todo el tiempo.
Veintiuno de abril. Me he despertado pensando en Anthony y, efectivamente, ha telefoneado, y su voz resultaba muy agradable, así que he roto una cita para estar con él. Creo que hoy rompería cualquier cosa por él, incluidos los diez mandamientos y hasta mi propia cabeza. Vendrá a las ocho y yo iré de rosa, con un vestido muy almidonado, y pareceré tan fresca como una flor…