Hermosos y malditos
Hermosos y malditos El diario concluía con esta observación. Los ojos de Gloria se deslizaron página arriba, hacia el ocho de junio de 1912, 1910, 1907. La primera anotación estaba garrapateada con la letra redonda y poco formada de una chica de dieciséis años… se trataba de un nombre, Bob Lamar, y de una palabra que no era capaz de descifrar. Luego se dio cuenta de su significado… y al comprenderlo descubrió que tenía los ojos empañados por las lágrimas. Allí, en aquella mancha grisácea estaba el recordatorio de su primer beso, tan borroso como los sentimientos de aquella tarde, siete años atrás, en un porche hasta donde llegaba la lluvia. A Gloria le parecía recordar algo que uno de los dos había dicho aquel día y, sin embargo, no acababa de recordarlo. Las lágrimas acudieron a sus ojos cada vez más deprisa, hasta que apenas podía ver la página. Estaba llorando, se dijo a sí misma, porque solo recordaba la lluvia y las flores mojadas en el patio y el olor de la hierba húmeda.
… Al cabo de un momento Gloria encontró un lápiz y, empuñándolo con mano insegura, trazó tres líneas paralelas debajo de la última anotación. Luego escribió FINIS con grandes letras mayúsculas, devolvió la libreta al cajón y se metió en la cama.