Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¡Y qué, si pasara eso! —exclamó ella, mientras buscaban el amplio porche con columnas—. ¿Crees que aquà sobrevive algún rastro de mil ochocientos sesenta? Todo esto se ha convertido en algo de mil novecientos catorce.
—¿Es que no quieres que se conserven las cosas antiguas?
—La verdad es que no es posible conservarlas, Anthony. Las cosas hermosas crecen hasta cierto punto y luego van a menos hasta que desaparecen, exhalando recuerdos mientras se desmoronan. Y de la misma manera que cualquier perÃodo decae en nuestras mentes, las cosas de ese perÃodo debieran también deteriorarse, y asà se conservarÃan durante algún tiempo en los pocos corazones que, como el mÃo, vibran con ellas. El cementerio de Tarrytown, por ejemplo. Esos brutos que dan dinero para preservar las cosas también lo han echado a perder. Sleepy Hollow ha desaparecido; Washington Irving está muerto y cada año que pasa sus libros nos interesan menos… por eso es mejor dejar que el cementerio también se desmorone, como debe hacerlo, como deben hacerlo todas las cosas. Tratar de conservar un siglo manteniendo al dÃa sus reliquias es como mantener vivo con estimulantes a un hombre que está agonizando.
—¿Asà que tú piensas que cuando una época se desmorona, sus casas deben hacer lo mismo?