Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Anthony y Gloria llegaron a Nueva York coincidiendo con la caída de Lieja. Retrospectivamente, las seis semanas transcurridas les parecieron milagrosamente felices. Habían descubierto —como hasta cierto punto sucede con muchas jóvenes parejas— que tenían en común un considerable número de ideas fijas, intereses y extrañas peculiaridades; que eran esencialmente compatibles.
Pero había sido muy difícil mantener muchas de sus conversaciones a nivel de intercambio de ideas. Gloria reaccionaba muy mal ante las discusiones. Toda su vida se había relacionado con personas menos inteligentes o con hombres que, amedrentados por su belleza, no se atrevían a contradecirla; por ello, cuando Anthony no quería aceptar sus afirmaciones como infalibles y definitivas, la irritación de Gloria resultaba perfectamente natural.
