Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —No —contestó ella con simplicidad—. Como ya te he dicho, los hombres han intentado… bueno, montones de cosas. Cualquier chica bonita ha tenido esa experiencia… ¿Comprendes? —resumió—. No me importa con cuántas mujeres hayas estado en el pasado, siempre que se tratara tan solo de una satisfacción fÃsica, pero no creo que pudiera soportar la idea de que hubieses vivido con otra mujer por un largo perÃodo de tiempo o incluso que hubieses querido casarte con alguna chica. Resulta diferente, de alguna manera. ExistirÃa el recuerdo de todos esos pequeños detalles de intimidad, y eso echarÃa a perder esa frescura que, después de todo, es la parte más valiosa del amor.
Extasiado, Anthony hizo que Gloria recostara la cabeza junto a la suya sobre la almohada.
—Querida —susurró—, ¡como si yo pudiese recordar otra cosa que tus besos!
—Anthony —dijo entonces Gloria con voz muy suave—, ¿he oÃdo a alguien decir que tenÃa sed?
Anthony rio bruscamente y se levantó de la cama con aire divertido.
—Solo con un trocito de hielo en el agua —añadió—. ¿Crees que será posible?