Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Era el mes de octubre de 1913, a mitad de una semana de agradables días, con la luz del sol holgazaneando en los cruces de las calles, y una languidez tal en el aire que la atmósfera parecía sobrecargada con el peso de fantasmales hojas desprendidas de los árboles. Era agradable sentarse indolentemente junto a la ventana abierta terminando un capítulo de Erewhon. Era agradable bostezar a eso de las cinco, arrojar el libro sobre una mesa, y avanzar canturreando por el corredor en dirección al baño.
A… ti… her-mo-sa dama,
Cantaba Anthony mientras abría el grifo.
Alzo… los ojos; por… ti… her-mo-sa da- a-ma gime… mi… corazón…