Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Después de este cortés ceremonial, que Anthony supuso ser originariamente japonés, Tana pronunció una larga perorata en inglés chapurreado sobre las relaciones entre amo y criado, de la que Anthony dedujo que había trabajado en casas con mucha servidumbre, pero que siempre se peleaba con sus compañeros porque no eran honestos. Dedicaron mucho tiempo a la palabra «honestos», y de hecho los dos llegaron a enfadarse bastante, porque Anthony insistía testarudamente en que Tana trataba de decir «abejorros», llegando incluso al extremo de zumbar a la manera de una abeja y de agitar los brazos para imitar el movimiento de sus alas.
Al cabo de tres cuartos de hora Anthony fue puesto en libertad con la amable promesa de que continuarían aquellas charlas tan agradables y Tana le contaría «cómo hacemos las cosas en mi país».
Esa fue la primera intervención del locuaz Tana en la casa gris… y, desde luego, cumplió su promesa. Aunque concienzudo y honesto, era también, sin duda, terriblemente pesado. Parecía incapaz de controlar la lengua, pasando a veces de un párrafo al siguiente con una mirada casi de sufrimiento en sus ojillos castaños.