Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Tana era muy pequeño, incluso para ser japonés, y exhibía una concepción relativamente ingenua de sí mismo como hombre de mundo. El día de su llegada, procedente de la Acreditada Agencia Japonesa de Colocación R. Gugimoniki, Tana llamó a Anthony a su habitación para enseñarle los tesoros de su baúl. Uno de ellos era una voluminosa colección de tarjetas postales japonesas, que él se mostraba dispuesto a explicar a su amo inmediatamente, una por una, y con gran lujo de detalles. Entre ellas había media docena de contenido pornográfico y de origen claramente americano, aunque, modestamente, los editores habían omitido sus nombres, dejando el reverso completamente en blanco. Tana extrajo a continuación algunos de sus trabajos manuales: unos pantalones americanos hechos por él mismo, y dos juegos completos de ropa interior de seda. De manera confidencial informó a Anthony sobre la utilización que pensaba dar a estos últimos. El siguiente objeto fue una copia bastante aceptable de un grabado de Abraham Lincoln, a cuyo rostro se había incorporado un inconfundible aire japonés. En último lugar apareció una flauta; la había hecho él pero estaba rota: Tana pensaba arreglarla muy pronto.