Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Había, sin embargo, un cambio radical en la familia. La escandinava de corazón de hielo, cuya austera cocina y manera burlona de servir la mesa tanto habían deprimido a Gloria, cedió el sitio a un japonés extraordinariamente eficiente cuyo nombre era Tanalahaka, pero que confesaba atender a cualquier requerimiento que incluyera el bisílabo «rana».