Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Más por el temor a la soledad que por el deseo de tener huéspedes, dadas las molestias que eso lleva consigo, llenaban la casa de invitados todos los fines de semana y, con frecuencia, también durante los días de entre semana. Las reuniones de sábado y domingo se parecían mucho entre sí. Cuando habían llegado ya los tres o cuatro invitados, todos ellos del sexo masculino, lo indicado, por regla general, era empezar a beber, para pasar después a una cena muy divertida y terminar con un paseo en coche al Country Club de Cradle Beach, del que Gloria y Anthony se habían hecho miembros porque era barato, bullicioso aunque no elegante, y porque resultaba casi una necesidad precisamente para ocasiones como aquellas. Además, apenas tenía importancia lo que uno hiciese allí, y mientras el grupo de los Patch no levantara demasiado la voz, importaba poco que los dictadores sociales de Cradle Beach vieran a la alegre Gloria consumiendo cócteles en el comedor durante toda la velada con muy breves intervalos entre uno y otro.