Hermosos y malditos
Hermosos y malditos De la cocina sale un pequeño y fatigado japonés, abrochándose apresuradamente la chaquetilla de dril blanco. Abre la puerta exterior de tela metálica y hace pasar a un apuesto joven de unos treinta años, que lleva esa ropa bien intencionada caracterÃstica de las personas que sirven a la humanidad. En él todo tiene un aire bienintencionado: la mirada con la que examina la habitación está compuesta de curiosidad y decidido optimismo; al contemplar a Tana, sus ojos reflejan una total voluntad de elevar moralmente al impÃo oriental. Su nombre es Frederick E. Paramore. Estudió con Anthony en Harvard, donde debido a las iniciales de sus apellidos siempre los colocaban juntos en las clases. Esto provocó que llegara a existir cierta relación entre ellos… pero no se han vuelto a ver desde entonces.
Sin embargo, Paramore ha entrado en la casa dando la impresión de que viene a pasar la noche.
Tana contesta a una pregunta.
TANA. (Sonriendo con deseo de agradar) Han ido a cenar a la Fonda. De vuelta en media hora. Marcharon a las seis y media.
PARAMORE. (Mirando los vasos sobre la mesa) ¿Tienen invitado s?
TANA. SÃ. Invitados. Mr. Caramel, Mr. y mistress Barnes, miss Kane, todos están aquÃ.
PARAMORE. Ya veo. (Amablemente) Se han corrido una juerga, por lo que parece.