Hermosos y malditos
Hermosos y malditos MAURY. (En la primera oportunidad que se le presenta) Por cierto, ¿no sabes que hay un espía alemán en esta misma casa?
PARAMORE. (Sonriendo cautamente) ¿Hablas en serio?
MAURY. Totalmente. Considero deber mío advertirte.
PARAMORE. (Convencido) ¿Una institutriz?
MAURY. (En voz muy baja, indicando la cocina con el pulgar) ¡Tana! No es su verdadero nombre, por supuesto. Tengo entendido que recibe constantemente correo dirigido al teniente Emile Tannenbaum.
PARAMORE. (Riendo con sincera indulgencia) Me estás tomando el pelo.
MAURY. Quizá lo acuse falsamente. Pero todavía no me has dicho qué has estado haciendo.
PARAMORE. Sobre todo… escribir.
MAURY. ¿Narrativa?
PARAMORE. No. Lo contrario.
MAURY. ¿Y eso qué es? ¿Un tipo de literatura que es mitad invención y mitad hechos reales?
PARAMORE. Yo me limito a los hechos. He trabajado mucho en el campo de la asistencia social.
MAURY. ¡Ah!
Inmediatamente aparece en sus ojos una chispa de sospecha. Es como si Paramore hubiese procedido a anunciar su calidad de ratero aficionado.