Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Tan solo recientemente se había dado cuenta de que, a pesar de su adoración por Anthony, de sus celos, de su sujeción, de su orgullo, básicamente lo despreciaba… y que este desdén se mezclaba con sus otras emociones sin que fuera posible distinguirlas… Todo esto era su amor: aquella vital y femenina ilusión que se había orientado hacia él una noche de abril, muchos meses atrás.
Por lo que a Anthony se refiere, Gloria era, a pesar de todas estas salvedades, su única preocupación. Si la perdiera se convertiría en un hombre truncado, dolorosa y sentimentalmente dominado por su recuerdo para el resto de sus días. Muy pocas veces le resultaba placentero pasar todo un día a solas con su mujer; excepto en ocasiones excepcionales, prefería tener con ellos a una tercera persona. Había momentos en que le parecía que si no se le permitía quedarse absolutamente solo se volvería loco… y algunas veces Anthony sentía con toda claridad que odiaba a Gloria. Cuando estaba borracho era capaz de sentirse fugazmente atraído hacia otras mujeres, lo que no pasaba de ser la manifestación, hasta entonces reprimida, de su inclinación a experimentar.