Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Si fuese a verlo —sugirió Anthony—, y dijera con las adecuadas citas bÃblicas que he andado demasiado tiempo por el camino de la iniquidad y que por fin he visto la luz… —Se interrumpió y contempló a su mujer con una expresión de incertidumbre—. Me pregunto cómo reaccionarÃa.
—No lo sé.
Gloria meditaba sobre si sus invitados tendrÃan la suficiente perspicacia como para marcharse inmediatamente después del desayuno.
Anthony tardó una semana en hacer el suficiente acopio de valor para trasladarse a Tarrytown. La idea le repugnaba y abandonado a sà mismo hubiese sido incapaz de hacer el viaje… pero si su voluntad se habÃa deteriorado en los tres últimos años, lo mismo sucedÃa con su capacidad para resistir los apremios de su mujer. Gloria lo obligó a ir. Era una excelente idea esperar una semana, le dijo, porque eso darÃa tiempo a que se enfriara la indignación de su abuelo; pero esperar más serÃa un error… era como darle la oportunidad de endurecerse para siempre.