Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Anthony fue llamado a filas a principios de otoño, y el doctor que hizo el examen médico no habló para nada de una presión arterial demasiado baja. Todo resultó muy absurdo y triste cuando una noche le dijo a Gloria que, por encima de cualquier otra cosa, deseaba que lo mataran. Pero, como siempre, se compadecieron el uno del otro por las razones más absurdas en los momentos más inapropiados…
Decidieron que ella no fuera por el instante al campamento del sur donde iba destinado el contingente de Anthony. Gloria se quedaría en Nueva York para «usar el apartamento», ahorrar dinero y seguir de cerca la marcha del caso, pendiente ahora del tribunal de apelación, cuyo calendario de actuaciones, les explicó Mr. Haight, llevaba mucho retraso.