Hermosos y malditos

Hermosos y malditos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mientras avanzaba dando tumbos por el pasillo, con el macuto cuartelero colgado del hombro como una monstruosa salchicha azul, no vio sitios vacíos, pero al cabo de un momento reparó en un hueco ocupado por los pies de un siciliano muy moreno, de corta estatura, que, con el gorro calado hasta los ojos, estaba insolentemente repantigado en un rincón. Al detenerse Anthony a su lado levantó la vista para intimidarlo con un gesto ceñudo que sin duda había adoptado como defensa contra un mundo poblado de incógnitas. Cuando Anthony le preguntó con voz cortante si estaba ocupado el sitio, alzó los pies tan despacio como si fueran un paquete muy frágil, colocándolos cuidadosamente en el suelo. Sus ojos siguieron fijos en Anthony, que procedió a sentarse, desabrochándose la chaqueta del uniforme que le habían entregado el día antes en Camp Upton. Le rozaba a la altura de las axilas.

Antes de que Anthony pudiera examinar a los otros ocupantes de la sección, un joven alférez entró inesperadamente por un extremo del vagón y avanzó a buen paso por el corredor, anunciando con voz pasmosamente desagradable:

—¡En este vagón no se puede fumar! ¡Prohibido fumar! ¡No fumen en este vagón!

Al desaparecer el oficial por el extremo opuesto, una docena de nubecillas de protesta se alzaron por todos lados.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker