Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Baptiste, el pequeño siciliano del tren, tuvo problemas con él la segunda semana de instrucción. El capitán había ordenado varias veces que los hombres estuviesen bien afeitados cuando formaban por las mañanas. Un día se descubrió una alarmante contravención de aquella regla, sin duda un caso de connivencia con los teutones: durante la noche, a cuatro hombres les había crecido pelo en la cara. El hecho de que tres de los cuatro apenas entendieran inglés hizo aún más clara la necesidad de una lección práctica, de manera que el capitán Dunning, sin dudarlo un momento, envió a un voluntario a buscar una navaja. Después de lo cual, y para dejar a salvo la democracia, de las mejillas de tres italianos y un polaco se afeitó en seco media onza de pelo.