Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Dot sabía vagamente de la existencia de Gloria. Le hacía sufrir pensar en ello, de manera que se la imaginaba altanera, orgullosa y fría. Había decidido que Gloria tenía que ser mayor que Anthony, y que no existía cariño entre marido y mujer. A veces se permitía soñar que después de la guerra Anthony conseguiría el divorcio y se casarían… pero esto nunca se lo decía a Anthony, apenas sabía por qué. Dot compartía la idea de sus compañeros del campamento de que el joven Patch era una especie de empleado de banco… le creía respetable y pobre. A veces decía:
—Si tuviese dinero, querido, te lo daría todo a ti… Me gustaría tener unos cincuenta mil dólares.
—Imagino que eso sería más que suficiente —replicaba Anthony.
En su carta de aquel día Gloria había escrito: «Supongo que si pudiéramos llegar a un acuerdo por un millón, quizá fuera mejor dar la autorización a Mr. Haight para que lo arreglara así. Pero, por otra parte, sería una pena…».
—… Podríamos tener un automóvil — exclamó Dot, en un último estallido triunfal.