Hermosos y malditos
Hermosos y malditos El capitán Dunning se ufanaba de ser un gran conocedor de caracteres. Media hora de conversación con una persona le permitÃa situarla dentro de cierto número de sorprendentes categorÃas: tipo estupendo, buen hombre, persona lista, teórico, poeta e «inservible». Un dÃa de principios de febrero hizo llamar a Anthony para que se presentara en la tienda de mando.
—Patch —dijo el capitán sentenciosamente—. Llevo varias semanas fijándome en usted.
Anthony se mantuvo erguido e inmóvil.
—Y creo que está en condiciones de llegar a ser un buen soldado.
Esperó a que disminuyera el agradable calor que sus palabras tenÃan lógicamente que haber provocado, y continuó:
—Esto no es un juego de niños —explicó, arrugando la frente.
Anthony se mostró de acuerdo con un melancólico «No, mi capitán».
—Es un juego de hombres… y necesitamos lÃderes. —Luego el punto culminante, rápido, seguro, eléctrico—: Patch, voy a hacerle cabo.
