Hermosos y malditos
Hermosos y malditos En el mes de marzo por los campos de los alrededores aparecieron ya jazmines y junquillos y manchas de violetas entre la hierba que el sol empezaba a calentar. Posteriormente Anthony recordaba sobre todo una tarde de tal lozanÃa y encanto mágico que, mientras calificaba los blancos en el foso del campo de tiro, estuvo recitando «Atalanta en Calydon» a un desconcertado polaco, al mismo tiempo que las balas cantaban, silbaban y estallaban por encima de sus cabezas.
«Cuando los lebreles de la primavera…»
¡Pam!
«Siguen las huellas del invierno…»
¡Sssss!
«La madre de los meses…»
¡Eh! ¡Vamos! ¡Señala un tres…!
