Hermosos y malditos
Hermosos y malditos »Esto es todo lo que voy a deciros por hoy. Mañana quiero que aquellos de entre vosotros que hayáis meditado sobre todo esto y hayáis leÃdo el ejemplar de Charlas con el corazón en la mano que se os va a dar a la salida, volváis a esta misma habitación a la misma hora, para que entremos más a fondo en la proposición que os voy a hacer y os explique mis descubrimientos sobre los factores del éxito. ¡Voy a haceros sentir que tú, y tú, y tú sois capaces de vender!
La voz de Mr. Carleton vibró por un momento a través de la sala y luego se desvaneció. Acompañado por el resonar de muchos pies sobre el suelo, Anthony se vio empujado hacia la salida con el resto del grupo.
Sazonándolo con risas irónicas, Anthony hizo a Gloria el relato de su aventura comercial. Pero ella lo escuchó sin dar indicios de encontrarla divertida.
—¿Vas a renunciar una vez más? —le preguntó frÃamente.
—¡No esperarás que…!
—Nunca he esperado nada de ti.
Anthony vaciló.
—Bueno, no veo la menor ventaja en enfermar de risa con semejante asunto. Si hay algo más viejo que esa historia tan vieja es el nuevo truco para ponerla al dÃa.
