Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Para Gloria la reducción de sus ingresos era un fenómeno fuera de lo común, sin explicación ni precedente; y el que hubiera podido producirse en el espacio de cinco años lo consideraba casi una crueldad premeditada, concebida y ejecutada por un dios sarcástico. Cuando se casaron, siete mil quinientos dólares al año parecían ingresos adecuados para una pareja de jóvenes, sobre todo si se les añadía la esperanza de muchos millones. Gloria no había llegado a darse cuenta de que sus recursos disminuían no solo en cantidad, sino en poder adquisitivo, hasta que el pago a Mr. Haight de unos honorarios a cuenta de quince mil dólares lo convirtió en un hecho repentina y sorprendentemente manifiesto. Cuando Anthony fue llamado a filas habían calculado que sus ingresos estaban por encima de los cuatrocientos al mes, pero a la vuelta del joven Patch a Nueva York descubrieron que la situación era aún más alarmante. Solo recibían ya cuatro mil quinientos dólares al año por sus inversiones. Y aunque la resolución del pleito seguía alejándose de ellos como un tenaz espejismo, y la posibilidad de un desastre económico se delineaba cada vez con más claridad, seguían descubriendo, sin embargo, que les resultaba imposible vivir dentro de los límites que les marcaban sus ingresos.