Hermosos y malditos
Hermosos y malditos De manera que Gloria prescindió del abrigo de piel de ardilla, y todos los días, al recorrer la Quinta Avenida, era consciente de su gastado chaquetón de piel de leopardo, absolutamente pasado de moda. Cada dos meses vendían un bono, pero de todas formas, después de pagar las facturas, solo quedaba lo suficiente para calmar el insaciable apetito de sus gastos corrientes. Los cálculos de Anthony mostraban que su capital podría durar unos siete años más. De manera que Gloria se sentía muy amargada, porque en una semana, durante una larguísima y desmadrada fiesta en el curso de la cual Anthony, caprichosamente, se quitó chaqueta, chaleco y camisa en un teatro y una cuadrilla de acomodares tuvo que ayudarlo a abandonar la sala, se habían gastado el doble de lo que hubiese costado el abrigo de piel de ardilla.