Hermosos y malditos
Hermosos y malditos La docena de personas que Anthony trataba en aquellos momentos eran seres bastante curiosos. A varios los habÃa conocido en un lugar llamado Sammy’s, en la calle Cuarenta y tres, donde, si uno llamaba a la puerta y era favorablemente recibido desde detrás de una rejilla metálica, podÃa sentarse alrededor de una gran mesa redonda y beber un whisky aceptable. Era allà donde habÃa coincidido con un individuo llamado Parker Allison, que en Harvard ejemplificaba exactamente el tipo del juerguista indeseable, y que se estaba gastando lo más deprisa que podÃa una considerable herencia ligada al negocio de la levadura para la cerveza. La idea que Parker Allison tenÃa de la distinción era recorrer Broadway en un ruidoso automóvil de carreras rojo y amarillo con dos deslumbrantes muchachas de ojos tan frÃos como el acero. Era el tipo de persona que cenaba con dos chicas en lugar de una porque su imaginación apenas le permitÃa mantener un diálogo.