Hermosos y malditos

Hermosos y malditos

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Además de Allison estaba Pete Lytell, que usaba un sombrero hongo de color gris y lo llevaba ladeado. Siempre tenía dinero y estaba habitualmente de buen humor, de manera que Anthony mantuvo con él prolijas conversaciones sin objeto alguno durante muchas tardes del verano y del otoño. El joven Patch descubrió que Lytell no solo hablaba, sino que razonaba con frases. Su filosofía era una serie de frases, asimiladas aquí y allá durante una vida activa y atolondrada. Lytell tenía frases sobre el socialismo: las inmemoriales; tenía frases relativas a la existencia de un dios personal: algo acerca de un accidente de ferrocarril que sufrió una vez; y también contaba con frases sobre el problema irlandés, sobre el tipo de mujer que le inspiraba respeto y sobre la inutilidad de la prohibición. La única vez en que su conversación se alzaba por encima de las confusas cláusulas con que interpretaba los sucesos más barrocos de una vida más agitada de lo corriente, era cuando descendía a un análisis detallado de los aspectos de su existencia más ligados a la vida animal: conocía muy bien, con gran lujo de pormenores, los alimentos, las bebidas y las mujeres que prefería.





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