Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Es curioso —dijo Dick—. Siempre he creÃdo que tú y Maury acabarÃais escribiendo algún dÃa, y ahora él se ha convertido en una especie de aristócrata tacaño, y tú eres…
—Soy la proverbial oveja negra.
—Me pregunto por qué.
—Probablemente crees que lo sabes —sugirió Anthony, haciendo un esfuerzo para pensar metódicamente—. Tanto la persona que fracasa como la que triunfa creen en el fondo de su corazón que sus puntos de vista están perfectamente equilibrados; el triunfador porque ha triunfado, y el fracasado por haber fracasado. El triunfador le dice a su hijo que aproveche la buena suerte de su padre, y el fracasado le dice al suyo que saque partido de sus errores.
—No estoy de acuerdo contigo — dijo el autor de Un alférez en Francia—. Yo os escuchaba a ti y a Maury cuando éramos jóvenes, y me impresionaba que fueseis tan consecuentemente cÃnicos, pero ahora… bueno, después de todo, cielo santo, ¿quién de nosotros tres se ha dedicado a la… a la vida intelectual? No quiero resultar vanidoso, pero… he sido yo, y yo siempre he creÃdo en la existencia de los valores morales y siempre creeré en ellos.