Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Al joven Patch le castañetearon los dientes y retrocedió como para saltar sobre la muchacha; luego, cambiando de idea, buscó algo a su alrededor con rostro desencajado.
—¡Te mato! —murmuraba con breves jadeos entrecortados—. ¡Te mato!
ParecÃa morder las palabras como para obligarlas a materializarse. Finalmente alarmada, Dot se detuvo, y, al enfrentarse con sus ojos de loco, dio un paso atrás en dirección a la puerta. Anthony empezó a correr de un lado para otro en su lado de la habitación, sin dejar de repetir el mismo grito amenazador. Luego encontró lo que habÃa estado buscando: una recia silla de roble que habÃa junto a la mesa. Con un grito bronco se apoderó de ella, la alzó en el aire y con la fuerza de la locura la arrojó contra el rostro pálido y aterrorizado al otro lado de la habitación… después una densa oscuridad impenetrable descendió sobre él, borrando ideas, rabia y locura al mismo tiempo; con un chasquido casi tangible la faz del mundo cambió ante sus ojos…