Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Te agradezco, hermosa mÃa, tu ofrecimiento de café; me resultarÃa del todo inútil. ¡Me quieres tanto, que querrÃas alimentarme y vestirme! ¡Cuánto te quiero por todas esas ideas, raras y sin embargo tan naturales! Me colmas de atenciones, de cuidados. Para todo eso, no hay como las mujeres, y quizá, entre las mujeres, sólo estás tú. Mira, ahora tengo unas ganas desmedidas de besarte en el rostro, y en los ojos, que me miran con tanto amor.
Pero volvamos al café; en otro tiempo, tomé café como para toda la vida. Cuando vivÃa en ParÃs, era una especie de furia. LlegarÃa a beber el equivalente de una garrafa grande al dÃa. Siempre me atrajo el exceso, sea el que sea. Ahora ya no lo tomo, y de ninguna manera; pronto hará tres años que no he probado ni una cucharada. Utiliza, pues, mi porción para algún otro; si dentro de algún tiempo estás contenta con Du Camp, dásela. […]