Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet SÃ, ha pasado ya un mes desde Mantes; un mes, y parece un año. Cada uno de nosotros tiene en el corazón un calendario particular en el que mide el tiempo; hay minutos que son años y dÃas que marcan como siglos. No vuelvas a hablarme del deseo que sientes de tener un hijo. Pero ¿qué tentación te empuja a la desgracia? No, no, cuanto menos se toma de la vida, más aprisa pasa. ¡Ojalá hubiera nacido yo sin familia, solo, sin que me quisieran!… SÃ, todo esto se dice, se piensa, y después, con una sonrisa, con una mirada, se nos derrite el corazón. Despierta el hombre con todos sus instintos, habla el animal y sucumbimos. No presumo de ir hacia un falso ideal de estoicismo, pero, igual que Panurgo rehuÃa los lobos, «a los que temÃa por naturaleza», evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas, de las que ya no se vuelve. Adiós, amor. Mil ternuras para tu corazón, mil besos en tu cuerpo.
[Croisset] Martes, ocho de la mañana [13 de octubre de 1846].