Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] Hace tres dÃas que llueve sin descanso, el cielo está todo gris, los caminos enfangados, las hojas vuelan al viento; aquà está el invierno, es la época de las largas tardes silenciosas y de las largas veladas al amor de la chimenea. Pero ¡qué vacÃo está mi pobre hogar, antes tan lleno! Ahora se notan más que en verano los sitios que han quedado vacÃos. Hace tres dÃas que, por mucho que trabajo, unas diez horas seguidas diarias, estoy de una tristeza inigualable. Tengo en el alma cólicos de amargura como para morirse. No lo digo a nadie, porque nadie tengo a quien decÃrselo. Los demás son peores que yo, y además no tengo costumbre de enseñarles mis lágrimas. Me parece algo estúpido e indecente, como rascarse el cauterio en público. Me aburro. HabÃa contado con ir a pasar estos dÃas a ParÃs, a pasar por lo menos una semana larga para volver a sumergirme en tu amor y tomar suficiente sol como para calentarme durante mi invierno. Aguardo, pues, con impaciencia, y me atormento.
[…] Ayer noche leà a La Bruyère en la cama. Es bueno volver a sumergirse de vez en cuando en esos grandes estilos. ¡Cómo está escrito! ¡Qué frases! ¡Qué relieve, y qué nervio! Nosotros ya no tenemos ni idea de todo aquello. Incluso, esos libros se leen una vez, y ya está todo dicho. HabrÃa que aprenderlos de memoria. […]