Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No necesito verme sostenido en mis afanes por la idea de una recompensa, sea la que sea, y lo más gracioso es que, aun ocupándome de arte, no creo más en él que en otra cosa, pues el fondo de mi creencia es no tener ninguna. Ni siquiera creo en mÃ; no sé si soy idiota o ingenioso, bueno o malo, avaro o pródigo. Como todo el mundo, floto entre todo eso; mi mérito es, quizá, el darme cuenta, y mi defecto, el tener la franqueza de decirlo. Además, ¿estamos tan seguros de nosotros mismos? ¿Estamos seguros de lo que pensamos? ¿De lo que sentimos? Tú, que me quieres ahora, que me quieres tanto que querrÃas negártelo, ¿es a mà a quien quieres por mà mismo, o a otro hombre al que has creÃdo hallar en mÃ, y que no está? Perdóname si no es asÃ, pero me parece que en tu última carta hay un tono de fastidio, como si mi pensamiento te cansase. Pues bien: algún dÃa, si ya no me quieres, si te das cuenta de que este espejismo te ha engañado, vendrás a sentarte al hogar de mi corazón; ahà estará siempre tu sitio. Curaré con palabras que conozco las heridas de tus ilusiones, y si no las curo, impediré que te hagan sufrir.