Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Adiós, hermosa amante mía; un beso muy grande, para que se os pasen todas las locuras. […]
[Croisset] Domingo por la mañana [15 de noviembre de 1846].
Tu carta de esta mañana me conmueve hasta las entrañas. Sécate esos pobres ojos, ahuyenta tu fiebre. Necesito besarte, apoyar mi cabeza en tu corazón. Te amo, sí, te amo, ¿lo oyes? ¿Quién podría resistir a un amor como el tuyo, tan abnegado, tan profundo, tan involuntario? ¡Y yo que temía que no volvieses a escribirme! ¡Qué mal te conocía! Tiemblo de alegría por tu amor. Despreciarte, dices; pero ¿por qué? Ay, tú también me calumnias dentro de tu corazón. Al contrario, no solamente cuanto más te amo, sino cuanto más te estimo, más querría poder dártelo todo. Pero ¿por qué ha de ser que el único sacrificio que te resulte agradable sea precisamente el que no puedo ofrecerte? Marché el jueves con lágrimas en los ojos; pero, entre dos malas acciones, elegí la que me pareció menor, y marché.