Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡No! No trato de desatarme de todo lazo, de separarme de todo afecto; son ellos quienes me abandonan por sà mismos, como los nudos que se aflojan y se sueltan sin que los toque mano alguna. ¡Cuántos amores, entusiasmos, amistades profundas y vivas simpatÃas no habré tenido ya, para verlas derretirse como la nieve! Me aferro a lo poco que me queda. He llorado a los muertos, a algunos vivos, y me he reÃdo de lástima ante la vanidad de mis mejores sentimientos y de mis creencias más puras. Pero no arrojo a la calle a los que quieren quedarse conmigo, en mi aburrido aislamiento.
Maxime y yo hablamos con frecuencia de ti. Temo que me oiga mi madre, pues un dÃa mi cuñado, que estaba en su habitación (es contigua a la mÃa), vino a repetirnos una conversación que habÃamos tenido. Por suerte, trataba de un asunto indiferente; pero es un aviso. Pasamos el tiempo en charlas que casi deberÃan darme vergüenza, en locuras, en sueños imperiales. Edificamos palacios, amueblamos mansiones venecianas, viajamos a Oriente con escolta, y luego nos caemos de bruces con más fuerza sobre nuestra vida actual, y en definitiva estamos tristes como cadáveres. Para una tercera persona serÃa como para morirse de aburrimiento.