Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿Por qué te empeñas, pobre amiga mÃa, en compararte con una puta, en cuanto al efecto que me produces? ¿Te gusta mucho el paralelismo? ¡Qué tonterÃa! ¿Por qué me reprochas el que quisiera regalarte una pulsera después de la primera noche, y no habértela enviado, mejor, en Año Nuevo? ¿Crees que soy un patán? A falta de corazón, ¿me niegas también las más elementales nociones de cortesÃa? ¡Qué funesta manÃa la tuya, mi niña, la de querer siempre ahondar en tu alma para ampliar el agujero!
La razón de aquello, por ejemplo, es muy sencilla: en aquel momento tenÃa dinero; ahora ya no lo tengo, eso es todo.
Vivo y he vivido siempre en una estrechez horrorosa, que me hace taciturno, irritable y humillado por dentro. Los harapos que avergüenzan a otros, yo los llevo debajo de la piel. Tengo necesidades desordenadas que me hacen pobre con más dinero del necesario para vivir, y preveo una vejez que acabará en el hospital, o más trágicamente. Sin duda me veré forzado a ello cualquier dÃa; pues el unir la afición al oro y el desprecio de la ganancia conduce a un callejón sin salida, donde el hombrecillo se asfixia, atenazado. En fin, no importa. Nadie me comprende en este punto; entonces, es inútil abrir la boca al respecto.