Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Además, nunca me he encontrado mejor, pues nunca he llevado una vida más acorde con mi naturaleza. Ahora hay armonÃa, después de haber pasado mucho tiempo, como un músico que afina su violÃn, dando vueltas a las clavijas para que las cuerdas estén subidas, unas con relación a otras, en una tonalidad concordante. No es fácil hallar la propia vÃa. Hay muchos caminos sin viajero; hay aún más viajeros que no tienen su senda. No me dedico, como tú piensas, a orgÃas intelectuales. Trabajo con mucha sencillez y regularidad, e incluso bastante estúpidamente. Ya no escribo; ¿para qué? Todo lo hermoso ha sido dicho, y bien dicho. En lugar de hacer una obra, a lo mejor es más sabio descubrir obras nuevas bajo las antiguas. Me parece, a medida que produzco menos, que disfruto más contemplando a los maestros. Y como lo que pido ante todo es pasar mi tiempo de manera agradable, ¡en eso me quedo!
¡Me llamas brahmán! Es demasiado honor, pero ya me gustarÃa serlo. Tengo hacia esa vida aspiraciones que me enloquecen. QuerrÃa vivir en sus bosques, girar como ellos en danzas mÃsticas, vivir en esa desmesurada absorción. Son bellos, con sus largas cabelleras y sus rostros chorreantes de mantequilla sagrada, y sus grandes gritos que responden a los de los elefantes y los toros.
En otro tiempo quise ser camaldulense, y después renegado turco. Ahora, brahmán o nada, lo que resulta más sencillo.