Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Tu carta de esta mañana (he recibido dos a la vez, una del jueves y una de ayer; hablo de la de ayer) habría ablandado a los tigres, y yo, desde luego, no soy un tigre. Soy un pobre hombre bien sencillo y bien fácil y bien hombre, «muy tornadizo y diverso», cosido a retazos y remiendos, lleno de contradicciones y de absurdos. Si no entiendes nada en mí, tampoco yo mismo entiendo mucho más. Todo esto es demasiado largo de explicar, y demasiado aburrido; pero volvamos a nosotros.
Ya que me amas, te sigo amando; amo tu buen corazón, tan ardiente y tan vivo, tu corazón tan vibrante, cuya melopea interna se modula alternativamente en tiernos sollozos y en gritos desgarradores. No creía que era como es. Todos los días me asombras, y termino por creer que soy tonto, pues experimento singulares asombros viendo esos tesoros de pasión, mina de oro que me abres para que la contemple en solitario.