Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Si por amor entiendes querer tomar de ese doble contacto la espuma que flota encima sin remover el poso que puede estar en el fondo, unirse con una mezcla de ternura y de placer, verse con encanto y separarse sin desesperación (cuando uno tampoco estaba desesperado al besar en su ataúd a los seres más tiernamente queridos), poder vivir uno sin el otro, puesto que uno vive separado de todo cuanto anhela, huérfano de todo lo que amó, viudo de todo aquello con lo que sueña; pero experimentar, no obstante, en estas aproximaciones, desfallecimientos que hacen sonreír, como ante un cosquilleo extraño; sentir, por último, que esto ha ocurrido porque tenía que ocurrir, y que pasará porque todo pasa, jurándose de antemano que no acusará al otro ni a uno mismo, y en medio de esta dicha vivir como uno vive, o un poco mejor, con un sillón más para reclinar en él el corazón los días de cansancio, sin que por ello deje uno de estar mucho más divertido al levantarse cada mañana; si admites que pueda amarse, y al mismo tiempo verse uno embargado por una piedad desmesurada si se comparan las admiraciones del amor con las admiraciones del arte, teniendo un desdén burlón y amargo por todo lo que te hace volver al organismo de aquí abajo; si admites que pueda amarse cuando un verso de Teócrito te hace soñar más que tus mejores recuerdos, cuando te parece a la vez que todos los grandes sacrificios (quiero decir, aquello que más se estima, la vida, el dinero) no te costarían nada, y que los pequeños te cuestan: sí.